Los mejores blogs para el Blogday

Por  cuarto año consecutivo, este domingo 31 de agosto se celebra el Blogday, el día internacional del blog y de sus creadores, los bloggers. La cita pretende dar a conocer el mayor número de bitácoras posible, por este motivo, han propuesto a los bloggers de todo el mundo que el día 31 recomienden cinco blogs que les gusten.

"El BlogDay es el día de los bloggers, ha sido creado para que los bloggers conozcan a otros bloggers, de otros países y de otros centros de interés", reza la web creada para el evento.

En esta fecha se propone un un gran meme (una propuesta o pregunta que se va contagiando de un blog a otro) para que los bloggers enviaran cinco invitaciones de cinco blogs de diferentes temáticas a cinco diferentes contactos, para que así los internautas dieran a conocer blogs que otros desconocían.

Total, que aquí van los nuestros. En realidad los tenéis en los enlaces permanentes del blog, pero no está de más recordarlos.

http://www.gratisblog.com/mundopaly/  Versos para el camino, el caminante, la meta...

http://feralon.blogspot.es/  Reflexiones y pensamientos de Fermín A.

http://juliogebe.blogspot.com/  El mundo de Julio G. Blanco.

http://mijabalquinto.blogspot.com/  La particular visión de Antonio García Sanz.

 

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31/08/2008 22:05 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Expo Zaragoza: La Corrala del agua.

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Vecinos asomados a las humildes balconadas. Puertas cuyo horizonte son las ventanas de quienes habitan más allá del patio repleto de geranios. Gentes que suben y bajan escaleras estrechas con cántaros, botijos, búcaros o porrones con los que invitar a quien comparte la vida un tabique más allá. Así eran las viejas corralas. Diseños arquitectónicos basados en el giro vertiginoso del eje central alrededor del que cada familia cocía a fuego lento las miserias de una España ya superada.

 

Cuando aún gotea en mis zapatos el agua mater que da nombre a la Expo de Zaragoza, cuando todavía resuenan en mi oído los chapuzones de un grupo de tristes pingüinos que huyen de ese imponente iceberg que vagabundea por el Ebro, es precisamente la imagen de las viejas corralas la que viene a mi mente cuando rememoro los cansados paseos entre pabellones cuadriculadamente ordenados, dibujados en las grises paredes que miran a la serpenteante barandilla que ejerce de poderoso imán; que te arrastra hacia ella y te incita a mirar, a penetrar en las húmedas vidas del otro lado.

 

A cada paso, a cada mirada, un país distinto ha colgado de su fachada, las letras doradas de su nombre adornadas con los efluvios azulados de sus políticas acuáticas. Como los  habitantes de la corrala, todos los participantes quieren enseñar lo mejorcito de casa y siempre en relación con el líquido elemento.

 

No hay obstáculos ni restricciones: el agua puede servir de fluido bautismal en el pisito de la Santa Sede, de juego laberíntico en la habitación de un país del este, de hilo conductor –con barquita y todo- en la estancia germánica, de protagonista en tres y hasta cuatro dimensiones de los sueños que producen las gafas estereoscópicas…

Nadie escapa a la orgullosa e impúdica exhibición. Los unos diseñaron presas para dominar la fuerza de las aguas; los otros edificaron alrededor ricos complejos de ocio; Algunos inventaron desaladoras junto a los desiertos mientras que siguen existiendo parcelas en las que solo se ofrecen chucherías artesanas con olor a exótica fritanga. Esencia patria de la corrala.

 

Suenan las doce en la Expo y todos se asoman para ver y escuchar las coplas de la vecinita de abajo. Es el Circo del Sol que salta, baila y distrae a los habitantes de la corrala que, por unos momentos dejan sus labores de recorrido y disfrutan de los disfrazados cánticos y de las emociones del saltimbanqui.

 

El mundo entero se ha disfrazado de corrala en Zaragoza. Las escaleras no son tortuosas y estrechas sino elegantemente mecánicas. Los pasillos son anchos y luminosos. Hay lonas decoradas que evitan sudores desacompasados. La corrala es de diseño y está imbuida del espíritu del Dios Ebro pero no ha perdido el viejo encanto de compartirlo todo. 

Un universo paralelo vive en la maña corrala que mira de reojo a las torres del Pilar y se contiene para no gritar que ella también tiene una Torre que guarda una gota de agua. Nadie, ni en los más imaginativos cuentos infantiles, inventó semejante artificio. Diríase que la gota gigante espera que alguien le ayude para zafarse, escapar y volver al Ebro, al mar.

La corrala apaga las luces. El agua renacerá mañana.

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29/08/2008 22:43 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Besos, muros y libertades

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Existe en uno de los parques de Bruselas, el Mini Europe, una colección de miniaturas que representan famosos edificios europeos. Uno de ellos –de dudosa calificación monumental-  es el denostado Muro de Berlín. Miles de viajeros nos hemos paseado a lo largo del escaso kilómetro y medio que aun perdura a los casi veinte años de su caída en 1.989 y algunos, entre los que confieso encontrarme, guardamos un trozo del mismo en el cofrecillo de los tesoros. Es difícil describir la sensación que produce tocar ese hito del desencuentro, del empecinamiento político y lo es, precisamente, por ese disfraz de atracción turística que se adueña de cualquier vestigio del pasado susceptible de asalto por  las hordas viajeras, moderna  versión de los invasores de antaño.

Recuerdo esa misma sensación al atravesar la entrada del campo de concentración de Auschwitz. La emoción casi religiosa choca con un cierto tufillo a parque de atracciones con grupos de turistas en cada esquina. Quizá esos lugares –incluyendo el Muro berlinés- deberían visitarse en recogida soledad dejando que todo cuando de negativo atesoran sus piedras destile su maldad para que seamos capaces de digerirla y evacuarla.

En 1.990 un grupo de artistas de diversas procedencias decoraron lo que luego sería la East Side Gallery en la Mühlenstrasse del distrito de Friedrichshain. Con aquella pobreza de medios que caracterizó a la Alemania oriental, el muro se pintó con materiales de muy escasa calidad y sin preparar el hormigón. Como resultado, los murales se han degradado a excesiva velocidad. Repaso mi álbum  fotográfico y me descubro frente a un archiconocido beso fraterno entre Leonidas Bresnev y Erich Honecker en una imagen que, a buen seguro, guardan miles de compañeros de viaje a lo largo de los años. Una escena que hoy está desvaída, atemperada por las inclemencias del tiempo o “grafiteada” por los vándalos. Aquella herida sangrante en la piel de un país, de una ciudad, de unas personas que dieron incluso la vida por intentar suturarla, se ha transmutado en un espejo en el que aterrorizarnos al ver reflejadas en él nuestras más indignas realidades. Y como en todos los espejos han aparecido las terribles manchitas que denotan la decrepitud.

Los departamentos culturales ya se han aprestado a diseñar planes de recuperación. Bresnev y Honecker van a sonreír de nuevo con renovados colorines y todos los turistas volveremos a merodear por la orilla del muro con la alegría despreocupada que nos hace olvidar que años atrás una bala perdida podría haber hecho terminar abruptamente el paseo solo por acercarnos.

Los prebostes comunistas que recorrían la Mühlenstrasse para  ir del centro de Berlín Oriental hasta el aeropuerto de Schönefeld nunca pudieron imaginar desde sus oscuros coches oficiales que aquel muro gris levantado por la intolerancia acabaría siendo la mayor galería de arte “a cielo abierto”. Despiadada y sangrienta paradoja.

La miniatura de Bruselas representa una excavadora que derriba una parte del muro pero a los pocos minutos el muro se levanta y la máquina vuelve a derribarlo. Cruel parábola de nuestra historia. Todo acaba repitiéndose…

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01/08/2008 12:00 Autor: zaquizami. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

La edad del Pavo

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La pantalla nos muestra una  filosófica disertación sobre la evolución, los sentimientos, las relaciones interpersonales, los deseos de toda una generación. Ese desfile de personajes cotidianos nos atrapa. Quizá sea un Banco ofreciendo un futuro mejor. O una “eléctrica” empujándonos hacia un universo verde… hasta que una voz en off nos avisa: Hemos llegado a la edad del pavo. ¡Maldita publi!.

Animarnos a un buen chute de mortadela y chopped ha merecido un nada despreciable número de segundos televisivos envueltos en esa jerga pseudomeditativa que  los publicistas vomitan sin esfuerzo.

Momentos después sucumbimos al pink power del “Kalia-oxi-action-multi-cristal-white-inteligence”. Algo así como el “supercalifragilisticoespialidoso” de una Mary Poppins que, esta vez, viene del futuro pero no a descifrar los intrincados mecanismos que vencerán al cáncer ni a darnos siquiera el resultado de alguna próxima quiniela  millonaria. No. De los años venideros solo obtenemos ese insulso detergente. ¿Hacia eso avanzamos?

Si. La vida es dura. Menos mal que el trabajo la hace más llevadera. ¿Nos hemos percatado de la cara de felicidad que sacude a las damas que navegan por sus solerías a lomos de  Don Limpio o del mayordomo con algodón?  Felices son también esa nueva generación de chavalotes que manejan  la arielita como si fuera una nueva opción del ipod mientras divagan sobre las diferencias entre San Ignacio y San Jacobo.

En ese imaginario patio de vecinos se escuchan ya  las coristas del “Wipp Express” que, lejos de enfadarse con las manchas, emiten sospechosos gorgoritos camino de la lavadora. Es que la música, ya se sabe, lo amansa todo. Incluso las conciencias. Eso si. Ante la duda, el grito de guerra: Yo no soy tonto. ¡Faltaría más!

Otro intermedio. Otras escenas caseras habituales. Un baño con todo tipo de suciedad incrustada y con terracitas de cal de calibre similar a las salobres piscinillas turísticas de Pamukkale. Una cocina con grasas, salpicaduras y pisadas que para sí quisiera cualquier taller mecánico con calendario erótico en la pared.

La dueña de semejante escenario aparece feliz y no avergonzada por haber aprobado –con nota- las oposiciones a ser “la más guarra del barrio”.

En sus manos un Cillit Bang con ritmo de Peret. Y la pobrecilla nos enseña cuan rápido desaparece esa costra inmunda que ya habíamos visto momentos antes en las ollas, sartenes y demás menaje de otra familia poco dada al bello arte del restregar.

¡El frotar se va a acabar!  Si, si. Lo sabemos. Es más, en las viviendas de esas señoras se acabó hace tiempo. No hace falta mas que ver como lo tienen todo.

Por no tener ya no les queda ni una muda limpia. El gremio feminista siempre ha elevado sus estruendosas voces cuando unas angelicales muchachuelas desodorizaban sus virginales cuerpos –destapadillos ellos- con las fragancias cítricas del Caribe salvaje… y ¿qué dirán ahora? Un forofo futbolero, hijo seguramente de la señora del anuncio anterior, ha de anunciar la cervecita light como su mami lo trajo al mundo. Seguro que la ropa la tiene en la lavadora y como el perro que la sabia echar a funcionar se escapó con la primitiva….

 

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01/08/2008 11:55 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Peligrosas noticias felices...

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En uno de los viejos programas de la tele única, allende los años del blanco y negro, el periodista Tico Medina proclamaba su proyecto de nuevo periódico: un medio de comunicación que solo informara de buenas noticias. Creo, incluso, que desarrolló esa idea en alguna emisión televisiva.

El periódico nunca vio la luz y, si lo hizo, nunca tuvo demasiada repercusión, al igual que el programa de la tele.

Por aquellos años triunfaba “El Caso” y por la hermana mayor del “UHF” programaban un espacio de crímenes recreados por Enrique Rubio con las grandes audiencias propias del momento.

Las buenas noticias parecen algo relegado a las contraportadas, a las crónicas de sociedad –y no siempre- o a las antaño caramelizadas publicaciones de la prensa rosa. Las portadas de nuestros periódicos y revistas gustan de informaciones que recrean ese lado oscuro que todos guardamos y que se excita ante crisis, desfalcos, asesinatos o ruinas empresariales.

Imbuidos, como estamos, de estos planteamientos informativos, nos asombra poderosamente esa nueva norma que está a punto de instalarse en la realidad de la lejana Rumania: La ley de las noticias felices, la llaman.

Si no fuera por la sospecha, quizá no demasiado infundada, de que tras ella se esconde el férreo fantasma de la censura, sería una propuesta a la que abrazar con entusiasmo. Dicen en aquel país, heredado del nefasto Ceaucescu, que las noticias negativas tienen efectos perniciosos en el espectador. Y debe ser cierto. No me cabe duda alguna que cuesta conciliar el sueño tras escuchar qué cantidad de niños mueren a nuestro alrededor cada minuto por causas fáciles de solucionar. No es sencillo continuar como si nada cuando oímos que miles de africanos han sido ejecutados por pertenecer a una etnia diferente a la que ostenta el poder. Nuestro pulso podría acelerarse de forma peligrosa al tener constancia de que tal o cual crisis pude dar al traste con nuestros ahorros, hacer que la hipoteca nos ahogue o invitarnos a caminar de noche a la luz de las velas para ahorrar en la factura eléctrica.

Los gobernantes rumanos han tenido una idea estupenda. Lástima que ya la llevaran a cabo diversos regímenes totalitarios en todo el mundo con resultados aberrantes. Esperemos que no hayan leído aun la oscura “1.984” de George Orwell donde no solo se racionaba el acceso a la información sino que se manipulaba sin descanso incluso con efectos retroactivos.

¿Quién formaría parte de un comité cuyo trabajo consistiera en dilucidar cuál es una noticia feliz y cual una que no debe ser conocida?

Quizá la disyuntiva sea, en realidad, otra muy distinta. Mas que evitar que los castos oídos del pueblo se contaminen con malas noticias… ¿no sería más racional poner todos los esfuerzos del estado en evitar que esas noticias sucedan?

Llega el calor y los periódicos empiezan a sufrir de inanición. Los productores de noticias aparcan su ritmo frenético y no generan ese rico morbo que abastece las portadas. Aparecen entonces las llamadas “serpientes de verano”, noticias infladas que en otra época no merecerían especial atención… ¿No  será  esta ley de noticias felices la primera serpiente de la temporada?

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02/07/2008 08:54 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Bocas equivocadas

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Las últimas propuestas ecológicas para tratar de solventar los problemas derivados de la escasez del  petróleo, de su precio o de sus efectos contaminantes se han presentado como un paso de gigante en nuestra evolución. Las metálicas bocas de nuestros depósitos se pueden llenar ya con biocombustibles derivados de productos naturales que, supuestamente, son casi la panacea universal. Nada menos que un puñado de maíz, por citar uno de los cereales en liza, puede transformarse en ese líquido elemento que gestiona nuestros desplazamientos.

Los grandes productores, esas destilerías de oro negro que atiborran nuestros motores, se lanzan a acaparar las cosechas de cereal y todas las campanas tocan a rebato en honor al fin de la contaminación, a la dependencia de los combustibles fósiles y a sus pérfidos residuos atmosféricos.

Los países industrializados aplauden el descubrimiento. ¿Era tan sencilla la solución? El mundo está salvado, se dice.

Muchos miles de kilómetros al sur, un niño africano llora envuelto en un enjambre de moscas que tratan de compartir con él la miseria circundante. Su madre le ofrece un pecho reseco como única fuente de alimento. El recurrente cereal del que siempre se han nutrido ha sido secuestrado para disfrazarlo de petróleo ecológico.

Ahora ese maíz llena otras bocas que no son, precisamente, la de ese niño ni la de su familia. Son las bocas de los automóviles cuyos dueños se aterrorizan al saberse “gasolinodependientes” pero que ni se inmutan al sustraer a una buena parte del mundo la única forma que tienen de no sucumbir a la hambruna.

Algo muy grave debe suceder en una civilización cuando se antepone el progreso desaforado al desarrollo de la vida. La inanición no debe ni puede ser el resultado colateral de un avance científico. La vida está por encima de los records de velocidad, de los embotellamientos de fin de semana, de los altibajos de unos precios manipulados, de la fría ceguera de los gobernantes o de aquellos cuyo único y “religioso” fin es el propio enriquecimiento.

No podemos luchar contra la escasez de petróleo o la contaminación medioambiental enviando a miles, millones, de personas a la desnutrición, al abandono, a la muerte. ¿No vale infinitamente más la vida de ese niño que antes hemos imaginado exprimiendo el ya inerme pecho de su madre que el último modelo de todoterreno circulando por una autopista europea?

¿No será un crimen de lesa humanidad dedicar cosechas enteras a investigar supuestos combustibles? ¿Podemos permitirnos condenar a medio planeta al desastre mientras nosotros nadamos en un océano de bioetanol?

Urge dedicar algún ínfimo tanto por ciento de los grandes presupuestos de I+D que en el mundo giran a promover otras líneas de investigación, a salvar la vida de ese niño, de su pueblo, de su familia.

Alguien apunta que los propios residuos orgánicos que generamos podrían ser la respuesta. Ojalá. Esa si sería una excelente noticia: la vuelta de nuestra basura en forma de empuje generatriz. La última frontera del reciclaje. Cualquier cosa menos arrebatar el sustento a quien lo necesita para apuntalar nuestros desahogos tecnológicos. No alimentemos  bocas equivocadas.

 

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11/06/2008 21:29 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

El "subidón" Alberti. (A propósito de la feria del Libro)

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A aquellos a quien un libro les parece un exótico objeto decorativo debe parecerles un contrasentido que unas casetas repletas de volúmenes se llamen “Feria”. No ha sido nuestra ciudad  muy dada a albergar estas gozosas manifestaciones en que los libros asaltan al viandante y quizá por eso, como mitómano que reconozco ser, tengo que trasladarme a finales de los años noventa para dejarme llevar por uno de los más emotivos recuerdos que tienen por escenario un stand cualquiera en el Retiro madrileño.

Frente a mi, Rafael Alberti apareció con la inconfundible presencia de exquisita senectud  a la que nos habían acostumbrado los medios. Lejos de una curtida y trabajada piel de marino, su cara y sus manos diríanse de fina porcelana. Unas finas arrugas tamizadas por el radiante sol recorrían los vividos surcos de su piel.

Su mirada débil pero intensa podía traspasar el cansancio evidente con que me atendía, siempre educado, siempre atento. La mano, firme y de cuidada manicura, alentaba la imaginación. En ese instante recorrieron mi mente los mil y un versos que Rafael había escrito con aquellas mismas manos que ahora dibujaban mi nombre y el de mujer en el volumen que le tendí emocionado. La mirada de Alberti me sonaba a Roma y a destierro. A lucha y a un sutil convencimiento de que la pluma es uno de los más poderosos instrumentos de comunicación, de dialogo, de transmisión de emociones y sentimientos.

En los cálidos ojos de Rafael Alberti aparecía el Puerto de Santa María en sus más radiantes días de mar y sol; el pausado caminar por las calles romanas; la dulce compañía de María Teresa León y la alegría infantil de Aitana.

Rafael ya me había preguntado mi nombre, me estrechaba la mano y me interrogaba sobre la dedicatoria. El tacto de su piel era suave. Muy suave. Una piel, diría que escurridiza, quizá inconsciente reflejo de una escondida timidez que imaginé atisbar en nuestro encuentro.

El universo marinero de Rafael me asaltó de nuevo. Me devolvió el libro con un pez tímido y joven dibujado con un rotulador rojo que bailó entre sus dedos. Un compañero de juegos del marinero, de la concha del agua, de la sirenita del mar, del cuerpo de la aurora…

Y por un momento quise tener branquias como aquel hombre del poema. Branquias para nadar en los huertos submarinos del mar de la tarde y jugar con el calamar que manchaba de tinta las manos y el corazón de una niña que iba al mar...

Cogí mi libro y empecé a caminar con el pulso alterado y el corazón galopante. Imitando las palabras de Alberti, “Ya era yo lo que no era, cuando apareció el poeta”.  No miré hacia atrás. Simplemente seguí caminando...” por los confines de las tierras fugaces, desbocado el corazón, entre los montes y la hidrografía...” camino de mi hotel.

Leo hoy que las farmacias se están viendo asaltadas  por individuos ávidos de esas nuevas experiencias que solo confían en alcanzar a través de ansiolíticos, calmantes y demás patulea de fármacos susceptibles de “uso lúdico”. Quizá ignoran que al mejor lugar para evadir la mente no se llega con una gragea de éxtasis sino a través de las páginas de un libro. A mí todavía me dura el subidón Alberti.

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13/05/2008 22:49 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Los ojos de Bette Davis. (En el centenario de su nacimiento)

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Los ojos de Bette, ese icono que escapa a lo meramente cinematográfico, acaban de cumplir cien años. Una “Amarga victoria” sobre el calendario que, sin embargo nos privó de su presencia real en 1989. No así del halo de su presencia en las pantallas.

Cuesta imaginar a Bette en un plano idílico que destile paz. Quizá el viejo celuloide atesore alguna escena en la que los sentimientos que Bette desgrana para nosotros sean plácidos y tranquilos. Es posible. Pero para todos nosotros, sus rendidos admiradores, la verdadera Bette, la estrella, es la malvada, la atormentada, la que enarbola banderas de libertad en momentos históricos desafortunados o poco preparados para su eclosión, la que llora, la que grita, la que mira como solo ella sabía hacer.

Bette es la solterona, la mala,  la loba. Es Baby Jane envuelta en su máscara de maquillaje que nunca supimos si era un disfraz o un espejo que reflejaba de fuera hacia adentro, al revés que los tradicionales. Era, sin duda, “La mujer marcada” o “La extraña pasajera”. Papeles todos ellos pasados por el tamiz del desgarro, de la rebeldía o de la mas absoluta soberbia. (Pensemos en la escena del baile de” Jezabel”, por ejemplo)

 Bette arrastró siempre  aquel abandono de su padre en una infancia que se presupone feliz, un aborto empujado por la familia, una madre derrochadora, una hermana de mente inestable, los engaños de algún que otro  “manager”  o los desplantes de la Universal o de la Warner.

No le fue nada complaciente la vida. Y quizá en la pantalla consiguió lo que le estaba vedado más allá de los cines.

Ante la adversidad, “la Davis” sacó fuerza devorando kilómetros de película virgen. Sus acompañantes fueron desde Bogart a Tracy, de Henry Fonda a Errol Flynn.Ni siquiera en “Un ganster para un milagro” congenió con Glenn Ford, que ejercía como su benefactor a cambio de unas rojas y brillantes manzanas.

Las pantallas se le rendían mucho antes y mejor que la vida cotidiana. Con las mujeres, los roces se hicieron fastuosos. Todo un espectáculo en si mismos. Las escenas con su archienemiga Miriam Hopkins atraían a todo el personal del estudio por no hablar de la enemistad feroz que la unía con Joan Crawford de quien se rumoreaba malsanamente que  era una lesbiana reprimida y que, en realidad,  estaba enamorada de Bette. (Por cierto que la Davis confesó tiempo después que uno de los momentos más felices de su vida fue cuando tiró por las escaleras a Joan Crawford en Baby Jane).

Tampoco con los altos mandatarios de los estudios ni con los directores pisó un  camino de rosas. Desde Jack Warner a William Wyler (que, sin embargo, fue uno de sus amores) o King Vidor, su paso con los rodajes dejaba habitualmente un rastro de enfrentamientos y peleas que, en ocasiones, contribuían al éxito posterior de los films.

Solo en momentos puntuales la Davis conectó con quien había de dirigirla. ¡Y de qué manera!

Cuando Darryl F. Zanuck, de la 20th Century Fox, buscaba desesperado una actriz para “Eva al Desnudo” encontró a la perfecta  Margo Channing en Bette. La dirigiría Joseph Leo Mankiewicz, que no le caía bien, pero a quien admiraba y ¡albricias! ese fue uno de los pocos rodajes relajados de su carrera. La armonía durante la grabación debió trasladarse a los cines ya que el éxito fue clamoroso.

A pesar de ello, la negra sombra del destino merodeaba de nuevo sobre ella y hasta se vio obligada a pedir trabajo en los anuncios por palabras. Clásico es ya su “Actriz busca empleo estable en Hollywood. Madre de tres hijos. Divorciada. Americana. Treinta años de experiencia en el cine. Capaz aún de moverse y más afable de lo que dicen los rumores”.

Los años sesenta marcan un declive asentado en series de televisión (Muy recordada su participación en “Hotel”) aunque Bette sigue trabajando en cine en papeles y películas que no estaban a su altura pero que ella aceptaba por su necesidad de dinero.

Solo para nosotros, en San Sebastián, Bette ejecutaría el último acto de su carrera. Unas semanas  antes de morir apareció en cuerpo y alma en el festival de Donosti. Nunca hemos podido  olvidar a aquella  anciana débil, de paso titubeante cuando no en silla de ruedas. Su peluca, el duro maquillaje que resaltaba su ya de por si saltones ojos virados al violeta, su vestido, aquel sombrerito…

Una Bette que un par de años antes había paseado en una isla de Maine con Liliam Gish en una película absoluta y completamente entrañable: Las ballenas de agosto. La tranquila vida de las dos hermanas que recuerdan su vida y que añoran el paso lejano de las ballenas acompañadas de un todavía galán Vicent Price se condensa en aquella escena en que ambas discuten por el tamaño del nuevo ventanal que les permitirá contemplar mejor el horizonte.

Bette insistió en llevar el mismo traje que en San Sebastián para su último viaje. Dicen también que aseguró que, a su muerte, alguien subastaría sus pestañas postizas.

No nos consta que así fuera, Bette. Felices cien. No nos olvides.

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16/04/2008 21:41 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

"Simios y romanos" Charlton Heston: Alimento para nuestros sueños.

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Cuando los obituarios se han tenido que enfrentar a la cinematografía de Charlton Heston, pocos han insistido en “Cuando el destino nos alcance” (Soylent Green, 1972). Sin embargo, esa sociedad futura (o no tanto, hablamos de 2.022) en la que el hombre es, literalmente, un lobo para el hombre y es capaz de reciclar cuerpos para alimentar al exceso de superpoblación planetaria, ese apocalíptico planteamiento de Richard Fleischer,  me devuelve al Heston actor, lejos del hierático y a veces inexpresivo personaje con “cara de otro siglo” según su propia chufla.

Envuelto en ciencia y en ficción cuando no en las dos cosas juntas, Charlton me emocionó en aquella juventud ávida de extraterrestres y aventuras paranormales cuando se postra ante la humillada ruina del icono más reconocible de nuestra cultura y nos maldice a todos en la secuencia final de “El planeta de los simios”.

También aquí, como en Soylent Green, Heston nos coloca frente a  la realidad que parecía acecharnos  en un futuro cercano. Menos mal que en anteriores películas se había ocupado de defendernos y hasta de salvarnos. Moisés abre el Mar Rojo para escapar del iracundo faraón; El Cid nos devuelve el orgullo racial; Juan el Bautista redime nuestras almas; Hasta de las feroces hormigas es capaz de salvarnos un Heston enfrentado a Eleanor Parker por una virginidad políticamente incorrecta hoy en día. (“Cuando ruge la marabunta”).

En muchas ocasiones, cerca ya de Madrid, en los ferroviarios efluvios de un sueño duermevela he fantaseado con asistir a los rodajes de Heston en las superproducciones de Bronston con “55 días en Pekín” a la cabeza. Seguramente por codearme con Ava Gardner, pero ese es otro tema. Heston paseó por nuestros paisajes en variedad de ocasiones pero seguramente permanecerá  en nuestra imaginación cinéfila montado en la cuádriga de Ben Hur,  paradigma de los peplums de lujo irradiados con el toque mágico de la religiosidad casi oficial del momento.

Heston se nos ha ido a ese cielo que se publicitaba en la película aunque quizá no lo dejen entrar con su carné de presidente de la Asociación del rifle. Un aspecto, este, que en ocasiones ha enturbiado su imagen y nos la ha devuelto como la de un duro ultraconservador que quizá obviaba otros aspectos de su personalidad.

En todo caso Charlton Heston también tuvo que luchar a menudo con los críticos que lo encasillaron en la dicotomía “Simios y romanos” y nunca reconocieron del todo sus capacidades comparando su expresividad con el cartón piedra de los decorados.

Los críticos y el público no siempre suelen estar de acuerdo. ¿Cómo olvidar las buenas tardes y noches que Heston nos dejó desde las pantallas?  Él, que llegó a ser “El último hombre vivo” (“The Omega man”), nos enseñó “La historia más grande jamás contada”, y tuvo “Sed de mal” a pesar de ser un abanderado de “Los diez mandamientos” .

Para nosotros, como ya le pasó a Rodrigo Díaz de Vivar, Heston sigue actuando, continúa obteniendo nuevas nominaciones tras abandonar el escenario. Frente a él solo se abren ya oníricos “Horizontes de grandeza”. Como en “Soylent Green”, ahora ya es alimento para nuestros sueños.

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12/04/2008 10:13 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

A vueltas con Plutón...

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Praga, -todos los que hemos pateado sus calles lo sabemos-, tiene una atmósfera envolvente que absorbe y embelesa, que distrae y alimenta el espíritu. No hay que obviar esta circunstancia a la hora de planear cualquier actividad en la vieja capital del Este europeo.

Por uno de esos indescriptibles azares del destino, la Unión Astronómica Internacional decidió plantar sus reales en unas dependencias desde las que los sesudos astrónomos podían divisar la bruma sobre el puente de Carlos al amanecer. ¡Craso error!.

Ebrios con los efluvios del incomparable marco, los reunidos han debatido temas de tanta altura como la definición y concreción del Sistema Solar. En un primer estadio, cuando toda Praga se desperezaba de una noche veraniega, decidieron que la Tierra, ese planeta con el jugamos a la autodestrucción, iba a tener hermanitos de la noche a la mañana –nunca mejor dicho-.

Barajaron nombres tan sugerentes como Ceres, Xena o  Caronte para bautizar a los celestes recién nacidos y se diseñaban festejos para celebrar el  parto estelar. Órbitas, gravedades o  masas dominantes fueron los temas a discutir a la sombra de la Torre de la Pólvora con el fresco aliento del Moldava.

El sol coronaba lentamente el horizonte y los sabios votaban las mociones que habrían de inutilizar nuestra historia reciente. Viajar a los anillos de Saturno siempre ha gustado a la ciencia ficción, pero… acercarse a Caronte abre nuevas perspectivas en todos los campos científicos y literarios.

Un descanso. Una refrescante cerveza checa. Una ojeada a la majestuosa fortaleza recortada entre los ya cálidos rayos del mediodía  y una nueva votación. ¿Ya somos doce los planetas del sistema solar?

Pues no. Caronte miró a Xena cariacontecido. Ambos dieron un pequeño codazo a Plutón. Algo no marcha, -se dijeron.

Alguien, en una oscura mesa del rincón, garabateaba cálculos sobre cientos de hojas arrugadas. De pronto se levantó. Ceres leyó su mirada y lo supo. Habían perdido. El espíritu de Praga les había gastado una mala pasada. No serían planetas por esta vez. Girarían cansados en sus órbitas celestiales sin merecer una línea en la letanía que los chavales aprenden en sus escuelas. Caronte solo sería, de nuevo, el transportista oficial de las almas y Xena olería únicamente a serie de televisión en la imaginación de los niños.

Plutón se les acercó para lamentar la situación…

En ese momento no podía  imaginar que él los acompañaría al olvido. Plutón, el  más joven y molón de los planetas, dejaba de pertenecer al club de los nueve. ¿Quién era aquel astrónomo loco que tachaba su nombre?.

¿Qué harán ahora los fabricantes de horóscopos? ¿Qué les pasará a aquellos cuyo ascendente colocaba al Sol en Plutón? ¿Qué será de ese desafío al entorno, de esa fuerte personalidad con que Plutón obsequiaba a los nacidos bajo su influencia? 

Praga seguía inmersa en el bullicio de miles de turistas ajenos a la trágica mirada de Plutón. Caronte, su satélite compañero,  lo miró compasivo. ¿Terminaba así su andadura?. ¿Pueden los cálculos de un científico imbuido de la dulce atmósfera de Praga acabar con un cuerpo celeste?

Plutón, como en un susurro, aventuró:  -Volveré.

 

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29/03/2008 20:49 Autor: zaquizami. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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