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El cuarto de las ratas o el cole "low cost".

por zaquizami el 08/05/2012 21:30, en Educación, enseñanza.

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Dicen que en Extremadura los centros escolares han recibido una circular en la que se les pide que midan todos sus espacios. Dicen también que ese afán por saber al centímetro la superficie educativa disponible se debe a la necesidad de conocer cuántos niños más se pueden apiñar y apilar en cada uno de esas estancias.

Desde luego es un despilfarro que existan aulas en los que los chavales puedan escribir sin dar codazos al compañero. Que un colegio tenga desaprovechadas instalaciones como el cuarto de las escobas o el hueco de la escalera no son de recibo en estos tiempos.

Ni siquiera el nunca descubierto “cuarto de las ratas” con que a muchos nos amenazaron en tiempos pretéritos se libra del zafarrancho. Además, convivir con otras especies aunque sean roedores siempre  es positivo para la socialización.

Si el chotis ¿o era el tango? se baila sin salir de una baldosa, aprender a leer, dividir o analizar verbos no debe de necesitar mucho más.

Hay que rentabilizar los espacios. ¿No serán excesivamente grandes las mesas de cada alumno?

Si se sustituyen por pupitres, en el mismo espacio habrá lugar para el doble de niños. La solución de pupitres-litera también sería factible. Se podría optimizar el rendimiento de las instalaciones reunificando los distintos cursos del mismo nivel en una misma sala. En centros antiguos con techo alto, el pupitre-litera podría tener tres pisos, rememorando los viejos cuarteles en los que se formaron las heroicas generaciones que nos precedieron. Menudo ahorro de electricidad.

Se impone el modelo low-cost también en educación.

Al fin y al cabo, ¿dónde impartían sus clases los aclamados sabios griegos de la antigüedad? Sí, en mitad de la plaza. ¿Y no era la suya una enseñanza de calidad?

Pues aprovechemos la enorme infraestructura con que nuestro país cuenta en plazuelas y calles. ¿Cuántas terrazas y veladores de bares y cafeterías están desaprovechas a ciertas horas? Usémoslas al estilo griego. Niños a la calle, al ágora. Y maestros paseando entre ellas impartiendo sus materias al saludable aire libre. Todo serían ventajas. Hasta se podrían clausurar los baños de los colegios ya que los hosteleros permitirían al alumnado usar los suyos. ¡Cuánto ahorro se conseguiría en agua, papel higiénico, jabón, etc.!

Dicen también que en ciertos lugares se van a suprimir todos los materiales complementarios. Nada de cuadernillos de ortografía o cálculo. Nada de fotocopias. Volvamos a la esencia. ¿Serán necesarios próximamente todos esos libros con que ahora cargan nuestros hijos? Álvarez ya encontró la solución hace décadas: todo en uno. La gran idea se llamaba “Enciclopedia” y permitía otro enorme ahorro al bolsillo familiar.

Esperemos que estas inocentes ironías no terminen asaltando la realidad. ¿Sustituirá el práctico pizarrín de usar y borrar a los caros cuadernos que tienen el vicio de acabarse?

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La guerra de los deberes.

por zaquizami el 09/04/2012 22:29, en Educación, enseñanza.

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 Hay guerras que nunca terminan. Cuando parece que sus ecos se extinguen, alguien lanza un poco de combustible al fuego para que la llama arda más y más a lo largo del tiempo. Quienes vimos en nuestra infancia “La guerra de los botones”, (Francia, 1962) hemos descubierto que este año ha vuelto a reeditarse, en vistoso colorido, con el apellido de “nueva” en todas las pantallas del orbe.

Pues bien, también en Francia se han removido las cenizas  de otra guerrilla, la de los deberes escolares. Dicen los papás gabachos que eso de llevar deberes a casa es algo deleznable, que denota el fracaso del sistema educativo y entorpece el desarrollo de sus vástagos ya que no les permite aprender nuevos pases y encestes de balón, dolorosas llaves de cualquier arte marcial, girar acompasadamente en la clase de bailes regionales o entonar la undécima lección de un instrumento musical ignoto a cuyas clases han corrido a apuntarles sin siquiera preguntar a la asustada víctima.

¿Dónde queda la responsabilidad, el afianzamiento de los hábitos de estudio, de investigación, de aprender a repartir el tiempo adecuadamente?

Dicen también que quizá sería mejor ofertar visitas a bibliotecas o museos. Pero… ¿en qué quedamos?  ¿No estorbarían esas propuestas más que la sensata realización de pequeños ejercicios que permiten ahondar en tal o cual aspecto curricular, afianzar detalles importantes o adentrarse en el fantástico mundo de la lectura?

Desde el punto de vista personal de alguien que siempre ha intentando concretar actividades puntuales, escribir historias adecuadas a los chavales para evitar que los deberes sean impersonales fotocopias de libros y guías, etc. la sola idea de que los deberes han de extinguirse, a pesar de que cierta ley lo afirmase en aquellos tiempos en que también era execrable calificar el trabajo del alumno o premiar su esfuerzo, me parece poco acertada.

Si escarbamos bajo la superficie de estas afirmaciones quizá encontremos padres y madres que trabajan y que no pueden permitirse el lujo de echar un ojo al desarrollo de sus hijos, prefiriendo que sigan recogidos en academias o aulas municipales que les permitan llegar a casa y no tener que cargar con el engorro de los deberes.

Unos deberes bien entendidos, abren caminos distintos a la formación del niño/a. Permiten que, en la soledad del hogar, se enfrente realmente a los nuevos conocimientos; piense, recuerde, cree, investigue en la medida de sus posibilidades. Eso sí, no hablamos de señalar en el libro unos ejercicios al azar o fotocopiar la manida hoja perdida en la carpeta. Los deberes han de ser tan vivos como su destinatario. Han de recoger lo que puede haberse quedado prendido de un alfiler traicionero. Han de servir con mayúscula y no ser un castigo encubierto.

La guerra de los deberes sigue abierta. Esperemos que no sean los alumnos quienes la pierdan.

 

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Hugo, Scorsese y el ojo de la Luna.

por zaquizami el 13/03/2012 20:57, en Vamos al cine

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Si tuviéramos que inventar solo dos artefactos, dos puertas que nos condujeran a lo más inasequible de ese mundo interior y mágico que es la imaginación, solo deberíamos husmear en el archivo de la Humanidad ya que, ¡albricias!, hace décadas que podemos contar con ellos.

El primero no necesita más tecnología que la propia mente del usuario. El otro requiere de efectos ópticos pero solo funciona bien con el mismo ingrediente del anterior. Y ambos aparecen de la mano en ese exquisito embrujo en el que Scorsese nos presenta a Hugo Cabret. Estos prodigios son los libros, portentosas porciones de fábulas utópicas, y el cine, donde las quimeras pasean a nuestro lado.

Pocas películas de ese cine bullanguero de hoy han sabido entrelazar los sabios consejos de un enigmático bibliotecario (Christopher  Lee) con los sueños de Georges Méliès (Magistral Ben Kingsley). “La invención de Hugo”, nos anuda fantasías y sueños, deseos y añoranzas, luces y parpadeos que no son sino el pálpito de un viejo proyector de barraca. Estamos ante una historia concebida probablemente como un fino engranaje de relojería, (No olvidemos que el niño protagonista vive dentro de un legendario reloj que maneja los husos de la no menos mítica estación parisina de Montparnasse) donde la prestidigitación nace de las páginas de los volúmenes de una biblioteca para devenir, enseguida, en sombras que toman vida a golpe de manivela.

El cine y la literatura viven un idilio tierno y esperanzador preñado de futuro. Las peripecias del oxidado autómata se despiertan ante nuestros ojos cuando, con la olvidada llave-corazón, es capaz de escribir, dibujar, casi sentir, ser un poco humano en tanto en cuanto es eso lo que nos ha hecho serlo a nosotros mismos.

Hugo deambula por la historia del cine, apresado por el paso lento de páginas de luz. Harold Lloyd, Chaplin, Buster Keaton y otros se asoman con él al primigenio universo en el que todos somos niños de nuevo. “Si alguna vez te preguntan de dónde vienen tus sueños, mira a tu alrededor", dicen en la película. Y cuando, en la emocionada oscuridad de las primeras salas, alguien traspasó la pantalla, ahí se dio el pistoletazo de salida. "Mi padre me llevaba mucho al cine. Me habló de la primera película que él había visto: en una habitación muy oscura, en una pantalla blanca, vio a un cohete volar y estrellarse en el ojo de la luna. Fue como soñar a plena luz del día”.

A las máquinas no les sobran partes, continúa Hugo. -Así que pensé que si el mundo es un enorme mecanismo, yo no podía sobrar. Tenía que estar aquí por alguna razón.  Pues sí. Todos lo estamos. Y es el ojo de la Luna quien sabe la razón. Lástima que solo el cine o un libro sean capaces de hacérnoslo ver, quizá soñar.

 

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29 de febrero DIA INTERNACIONAL DE LAS ENFERMEDADES RARAS (Video oficial)

por zaquizami el 23/02/2012 08:03, en Alzo la voz.

 

El próximo 29 de febrero se celebra el DÍA INTERNACIONAL DE LAS ENFERMEDADES RARAS. La indiferencia es el peor de los remedios, la peor de las posturas. No mires hacia otro lado. No hagas como que no ves nada. Ven. Ayuda. Solidarízate. Te esperamos.

 

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Con A de Amor: "El escalofrío de lo furtivo" (San Valentín 2012)

por zaquizami el 13/02/2012 13:35, en Alzo la voz.

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Desde aquel lejano 1.999 –otro siglo, otro milenio- en que comencé a colaborar en estas páginas del diario JAÉN, nunca había coincidido la fecha de mi columna con el día que hoy celebramos: San Valentín. O, al menos, no recuerdo tal circunstancia.

Pido perdón pero no puedo dejar pasar semejante efeméride. Hoy no empaparé la tinta fresca con aromas de Rajoy, Rubalcaba o el juez Garzón. No hablaré de crisis económica, pinceladas de cine, alcaldadas jaeneras, tranvías varados o  problemas de enseñanzas y educaciones varias.  No. Mis dedos teclean hoy en busca de una letra que tiene forma de montaña cuando es mayúscula. Y mayúsculo es el significado de la palabra que hoy aparecerá en todos los anuncios de restaurantes, grandes almacenes, marquesinas, “tedetés” y cuñas radiofónicas. La letra es la A. Y la palabra es, naturalmente, AMOR. 

 No entraremos en la consumista cadencia que tiñe este vocablo, que no al sentimiento. No pisotearemos la memoria del cura Valentín en la Roma de Claudio dejándonos llevar por la dulce y empalagosa postal que representa siempre, corazón en ristre, el típico tópico del 14 de febrero. Tampoco pasearemos por el elegante recurso del regalo gourmet o la joya diamantífera que, aseguran, plasma para siempre la conmoción de una mirada cómplice. No. Vamos a dejarnos llevar por la ternura, por la carne de gallina, por la pinza en la boca del estómago aireada por cientos de mariposas etéreas e inasequibles, por el apasionado contacto del húmedo labio que transmite el titiritero escalofrío de lo furtivo. Dejemos que el amor se despoje de todo, incluso de su nombre. Y dediquémonos también nosotros al bello arte de saquear cualquier rincón externo e interno de este cuerpo que se nos escapa, aligerándolo de cargas estériles y atavíos inútiles. Sintamos el desnudo placer de advertir frente a nosotros, pupila adelante, otro mundo ajeno que también es nuestro. ¿No dijo el clásico  que el amor es un espejo en el que quizá somos un reflejo del ojo de la amada?

Amor empieza con “A”, pico nevado presagio de audaces cordilleras. Hay que escalar su cima para poder ver el horizonte del futuro. Hay que prestar nuestro calor a la nieve perdida en la cumbre para después volar hacia las nubes.

 Han querido los hados que mis amores, así, en plural, también comienzan y terminan por la misma letra: Ana, Alba. Solo tienen esa vocal entresacada: el final y el principio se entremezclan y no necesito bajar de las alturas a las que transportan. Cuando la vida y el amor van de la mano ansiamos que un momento termine por el mero placer de disfrutar con el siguiente. Hay un motor que empuja, una luz que guía, una sonrisa que ilumina, una mano que ayuda.  ¡Cuántas razones tiene el alfabeto para empezar por “A”!

 

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Las aventuras de "JUANA JABALCUZ"

por zaquizami el 03/02/2012 12:36, en Historias de otro tiempo

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Si los afamados guionistas de Hollywood o los escritores de literatura infantil y Juvenil hubieran vivido en nuestra tierra, muchos personajes que conocemos serían diferentes. ¿Hay algún trasunto más giennense de Indiana Jones que nuestra querida “Juana Jabalcuz”? La respuesta es no. Juana, -Juani para mi desde los albores del tiempo-, siempre se presentaba ante ti con su envolvente nube de tabaco, pitillo nadando en el cenicero repleto, humareda luego desterrada a la puerta con vistas a las palmeras del parque.

Su pelo corto lució en ocasiones destellos prestados de la violeta perdida entre las sierras o del ocaso prendido entre los últimos reflejos del sol agonizante. Mirada pequeña con un leve deje de irónica sonrisa en la que podían navegar cruceros a lugares ignotos o habitaciones de hotel en la más inexplorada de las calles del suburbio mas cool del extrarradio del África profunda. Juani me atrapó entre sus fauces viajeras en mi tierno despertar al mundo mundial y me envió al Egipto milenario a lomos del transido dromedario ahíto de turistas. Y ahí empezó todo.

Ella habitaba un recóndito local de un oscuro pasaje del Paseo de la Estación y todavía no ostentaba el apellido Jabalcuz para sus cambalaches aventureros. Era un escenario simple en el que, sin embargo, olía a brisa del Himalaya, a mercado marroquí, a castillo encantado a orillas del Loira o a musaka humeante recién salida del horno. ¿Cómo sustraerse al embrujo de Juani Jabalcuz? Más tarde me enseñó la Rumanía comunista, a punto de librarse de Ceaucescu, la Hungría post telón de acero, las riberas del Mediterráneo, el horizonte desde el Atlas o los adoquines de la plaza Roja. El mundo entero se escribe con J. Con J de Juani y con J de Jabalcuz. Hubo incluso ocasiones en que compartimos verano en la Mallorca de los ochenta y, para redondear el itinerario, sus hijos estudiaron en “mi” colegio.

Juani tenía el catálogo justo en el instante preciso. Tu duda era su alimento. Tu pregunta era su respuesta y viceversa. Sus manos acariciaban un teléfono –que había que luchar por no pagar- y tras la línea se agolpaban las mayoristas, los agentes amigos, los desconocidos… y todos caían de rodillas ante sus palabras fetiche… “Soy Juana, de Jabalcuz…” Al oírla ya sabías que tu pasaje hacia el destino soñado estaba a punto de salir impresora adelante. El escenario fue cambiando. De aquel pasaje tan cinematográfico pasó a un coqueto dos plantas en el Paseo de la Estación y posteriormente, dando la vuelta a la esquina, al soberbio palacio de escapadas, periplos, travesías y excursiones donde, junto a Juanino, Antonio, Paulo, Victoria y algunos más que la memoria me escamotea, ejerció de mayordomo fiel para tus ansias de volar. Ese lugar, asomado como no podía ser de otro modo, a las palmeras del parque, fue su última morada. Hoy, en su acristalada galería se puede leer un SE ALQUILA que no impide ver del todo el merchandising del pasado dorado. Folletos de la Indonesia lejana, cruceros por el mar de las Antillas, fines de semana en el paraíso… figuritas de ébano, bandejas africanas, diplomas de hazañas perdidas en el tiempo… todo eso y más se puede observar si se acercan los ojos al cristal y se tapa la luz con la mano. ¡Hay tanto recuerdo allí guardado! Un atardecer en Cabo Sounion, la estrella del Parlamento reflejada en el Danubio, las horas marcadas a golpe marcial por las figuras de un reloj en Praga, la emoción de una primera falta, de ese primer niño añorado, en un balcón de Brasov, una pisada en la lava pulverizada del Etna, la locura del amor en la Roma eterna, la lluvia matutina en Montmatre, las almenadas orillas del Rhin, el alba asomados al Nilo… Juani estuvo en cada uno de esos momentos y seguirá estando. Su voz cascada, su enjuta figura, su sonrisa pícara…

Ahora, dicen las crónicas, ha trasladado sus maletas repletas de quimeras a otro lugar. Ha establecido su cuartel de verano en tierras nuevas. El mundo, en mitad de crisis, guerras y trastornos sigue teniendo puertas que franquear. Y Juana Jabalcuz es especialista en abrirlas.

Vuelvo a pasar por su antiguo hogar y leo de nuevo el cartel que preside la entrada. Lo releo y me pregunto… ¿Pueden alquilarse los sueños?

Dedicado a Juana Mª Risquez Aguayo y a todos sus compañeros y compañeras de VIAJES JABALCUZ de Jaén.

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"La calle era suya"

por zaquizami el 16/01/2012 07:55, en Navegando en los medios

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Ayer, cuando el primer parpadeo de los diarios digitales anunció su marcha, la figura de Manuel Fraga, revoloteó en mis recuerdos como en esos spots televisivos de vertiginosa rapidez.  Sin orden temporal aparente, la primera escena se remonta a aquellos años de la transición en que Alianza Popular presentaba sus carteles electorales de fondo naranja. Y muchos de ellos anunciaban la visita mitinera de don Manuel al cine Lis Palace.  Le recuerdo caminando por el pasillo central, con su andar peculiar, entonces poco pronunciado, entre el clamor de los asistentes. Sonrisa firme y expresión adusta. Como él era, al menos para quienes solo lo conocíamos por los medios de comunicación.

Parece ahora que el escenario del llorado Lis Palace se inunda de aguas radiactivas y que, por esos birlibirloques de la imaginación llegamos a las playas de Palomares. Allí, en pleno anuncio de Meyba, Fraga deja enfrentarse a sus carnes serranas con el peligro nuclear que los amigos yanquis nos regalaron por accidente. No recuerdo si lo acompañaban embajadores, ministros o autoridades locales. Solo él, inmenso y sonriente, desafía a la bomba y sus efectos apocalípticos. Así era don Manuel.

Otra imagen, señorial y lejana: Bombín y paraguas en aquel brumoso Londres de mediados de los setenta.

Sin embargo, el espacio que Fraga ocupó con maestría fue el último estertor del régimen franquista y los albores de la democracia. Su labor constitucional, como padre de nuestra ley suprema, es reconocida por todos los sectores, propios y contrarios y sus aportaciones a lo que podríamos llamar “la derecha moderna y civilizada” probablemente no serían negados ni por sus enemigos más feroces.

El afán chirigotero de nuestro día a día no olvidará tampoco aquel “con Fraga hasta la braga” con que se aplaudieron los tímidos avances de la ley de prensa, traducidos en la fragilidad del vestuario de las “starlettes” del momento, aquellas actrices pasto de las llamas del destape que abrumaron el despertar a los placeres de alguna que otra generación.

Su colección de frases, que podríamos llamar ya “históricas” pasan por el memorable “la calle es mía” como ministro de la Gobernación o el “disparen contra mi” a los secuaces de Tejero en el Congreso, sin olvidar aquella que decía: "Toda mi vida he dicho verdades sin condón y pienso morirme sin ponerme uno".

“Casi es preferible morir antes que arrastrar una vejez ociosa”, dijo en una  ocasión y, no cabe duda, llevó esa máxima hasta su último minuto. Necesitaríamos varias columnas como esta para glosar su paso por la vida política española.”Trabajar es vivir” dijo en otro momento, parafraseando a Voltaire. Y hoy (por ayer) sencillamente ha cambiado de escritorio, de escaño, de cartera…¡Qué se preparen por ahí arriba!

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Recuerdos de un futuro imperfecto.

por zaquizami el 14/01/2012 19:02, en Alzo la voz.

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El almotacén 705 del área de Adiestramiento y Disciplina miraba a los educandos que intentaban copiar con sus raídos lapiceros los textos señalados en sus cartapacios.  A su derecha colgaba un almanaque publicitario que le recordó los escasos días que quedaban para su octogésimo cumpleaños. Sus hastiadas neuronas le recordaron que aún faltaban cinco largos años para dejar su esforzado trabajo para el Estado.

Dejó divagar su mente y recordó aquel tiempo en que la palabra “funcionario” fue borrada de la nomenclatura después de que sucesivos gobiernos achacaran a dichos trabajadores la gran crisis. Todo pareció volver al pasado. Se terminó la gloria y todo se abocó al más duro infierno. Los enfermos se encontraron  con consultas, remedios y medicamentos  a precio –abusivo- de mercado;  Las escuelas ya no contaron con financiación estatal y establecieron cuotas para todas sus actividades.  Hasta los nombres de organismos, servicios e instituciones fueron cambiando para dejar de lado todo viso de gratuidad, soporte social o cooperación comunitaria.

Los salarios fueron primero congelados y luego recortados de mil y una formas relacionándolos con incentivos futuros que se perdieron en la noche de la recesión permanente.

El almotacén añoró en ese momento años de esplendor de los servicios públicos cuando sanidad, educación, transportes y seguridad social gozaban de la salud y lozanía que la buena administración procuraba a los ciudadanos. ¡Aquellos hospitales, colegios, pensiones….! ¿Dónde había quedado todo lo que su padre le contaba cuando se graduó?

Nunca le gustó el nuevo nombre de su oficio. “Almotacén” le remontaba a siglos oscuros pero… ¿no era acaso oscura la actual situación? ¿No había caído sobre los funcionarios como él el injusto sambenito de ser causantes del desastre?

Recordó la vida de sus padres y de sus abuelos y una lágrima se deslizó por sus mejillas. Las generaciones anteriores soñaban con ofrecer un futuro mejor y esplendoroso a sus hijos. Sus esfuerzos cotidianos tendían siempre a ascender peldaños en el bienestar. Sin embargo, ¿qué había podido ofrecer él a sus vástagos?  Y lo que era peor, ¿qué horizonte se dibujaba para sus nietos?

¿Cuándo en la historia las generaciones siguientes habrían de vivir peor que sus antecesoras? El anciano palpó su bolsillo en busca de un pañuelo para enjugar sus lágrimas y, al inclinarse ligeramente, notó un agudo dolor en el pecho.  No quiso alterar la plácida marcha de su clase. No gritó. Solo se llevó la mano al corazón y supo que todo llegaba a su fin. El estado se ahorraría su exigua pensión. Su última expresión fue una sonrisa. Quizá aquel ahorro sirviera para mejorar el porvenir de sus hijos.

 

(Almotacén: “·El que gana mérito ante Dios con sus servicios a la comunidad”)

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¿Está vivo? (Homenaje a los autores en el DÍA DE LA LECTURA, 16 de diciembre)

por zaquizami el 17/12/2011 20:29, en Literatura

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Hace unos días, en un aula de las muchas que pueblan nuestros colegios, una esforzada maestra hace malabares con el verso y la prosa; trata de conjugar ese manido verbo que se llama “animar a leer”. Hace circular entre las mesas de los alumnos un poema que ha seleccionado con mimo. Habla de ese mundo al que solo la imaginación nos puede hacer llegar; de ese universo que espera agazapado tras las páginas de los libros. Sí. Parecen tópicos que suenan a retahíla infantil cuando se escuchan desde el lado del despego que proporciona cumplir años en el calendario, en la columna vertebral y, especialmente en las meninges, pero cuando se escuchan con el candoroso tímpano de la inocencia adquieren el halo inaprensible de la magia.

En esa misteriosa coyuntura en la que las palabras brotan, sobrevuelan, se retuercen frente a nosotros ofreciéndonos su impúdica verdad se hallaba la maestra; trataba de hacer fluir el sentido del verso hacia las receptivas neuronas de quienes la miraban entusiasmados cuando, de pronto, una voz se dejó oír entre la efervescencia de la poesía: ¿Está vivo el autor, Seño?

Y la maestra supo que aquel niño había comprendido el más profundo de los secretos de la lectura. Hay que entrelazar nuestra alma con la que nos regaló el relato, el verso, el cuento. Hay que respirar el mismo oxígeno que hizo saltar la chispa en la mente de ese ser llamado “autor” que solo parece vivir en las contraportadas.

Recordó ella, en un flash, cuando presentado a una escritora de literatura infantil, hizo hincapié en que aquella señora era, en carne y hueso, una autora, una creadora. Alguien capaz de hilvanar las palabras de una forma tal que no solo podemos entenderlas sino que, además, nos arrastra a revivirlas, rehacerlas y reasumirlas como propias.

Sí. Vive, contestó. Pero, en realidad… ¿no viven todos los autores cuando los leemos? ¿Nos acordamos de los autores cuando tenemos su obra entre las manos? ¿Imaginamos qué les inspiró?

Los niños leyeron aquel verso, lo escribieron y lo interpretaron mientras la maestra pensaba en el autor. Seguía dándole vueltas a la pegunta del alumno cuando llegó a la paz del hogar y encendió la radio. Una voz conocida, pero amortiguada por la enfermedad, escapaba del altavoz y la envolvió sin que ella opusiera resistencia. Antonio Gala recibía el “Quijote de Honor” y desgranaba una emotiva plática con sabor a despedida.

La maestra no pudo evitar que una furtiva lágrima –sí, como en la ópera- homenajeara al escritor mientras en su fuero interno respondía de nuevo al chavalín: Sí. Está vivo. Y seguirá así para siempre. Aquí. Muy dentro.

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"Poderoso Caballero" (Cuando la crisis hace caer a los gobiernos...)

por zaquizami el 21/11/2011 11:41, en Alzo la voz.

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Cuando Quevedo, el ácido don Francisco, publicó su letrilla en los albores del XVII no imaginó que caería en las armónicas voces de Vainica Doble, aquellas Gloria Van Aerssen y Carmen Santonja que iluminaron conciencias en los setenta del XX. Sin embargo, sí que supo vislumbrar futuros que, en su época, eran solo nebulosas en el éter inquieto de la historia.

Da y quita el decoro y quebranta cualquier fuero, poderoso caballero, es don Dinero”. Así rezaba uno de sus versos. Y… ¡Cuánta razón llevaba! Preguntemos a los últimos gobiernos de Reino Unido, Holanda, Irlanda, Portugal, Dinamarca, Grecia o, desde este domingo, también España.

Los mercados, moderno apelativo del protagonista de Quevedo, han ido acabando con los laboristas de Brown, con los democristianos holandeses, el Fianna Fáil irlandés o el partido Popular danés. También cayeron en el camino frente a ese enemigo “hermoso aunque sea fiero”, el vecino Sócrates de Portugal o el inclasificable Berlusconi de la Italia a punto del descalabro. Citar a Papandreu, finalmente,  es ya abrazarse al más sonoro de los fracasos e incluso la todopoderosa Angela Merkel ha tenido sus derrotillas parciales unida en la lucha con Nicolas Sarkozy que tampoco tiene muy firme su futuro tras los resultados de las cantonales.

Derechas, izquierdas, todos han ido inclinando la cerviz  ante don dinero, pues “es tanta su majestad, aunque son sus duelos hartos, que con haberle hecho cuartos, no pierde su autoridad”.

Quevedo, en su elucubración futurista, escribió un verso clarificador de nuestro presente: “Viene a morir en España y es en Génova enterrado”. En efecto, también nuestro gobierno ha sucumbido ante la presión. Don dinero, vestido de crisis,  ha terminado con el presidente Zapatero y con el partido que lo sustentaba. Y ha sido en Génova, esa calle ya famosa en las noches electorales, que el pasado domingo vibró a ritmo de disc-jockey discotequero y consignas nacionalistas españolas, donde ha terminado sus días.

De allí, de ese balcón azul tan animado, renace un nuevo San Jorge que tratará de enfrentarse al dragón con la lanza poderosa de los votos mayoritarios de los subyugados por el asfixiante cerco de los mercados. Una vez más el poderoso caballero ha hecho de las suyas.

Si Quevedo levantara la cabeza quizá apreciaría que Rajoy, nuevo gurú de futuros perfectos, “tiene quebrado el color” aunque la alegría del momento nos lo escamotee. No es sencillo guerrear frente al poder omnímodo de don dinero pues “mirad si es harto sagaz”. Los gobernantes de seis países han sucumbido ya a su negra influencia, algunos de ellos encumbrados con mayoría absoluta.  ¿Ganaremos el duelo con ese poderoso caballero?

(Las frases en cursiva son versos de Quevedo)

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