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Mi buhardilla. Palabras, reflexiones, sentimientos...

Los niños y niñas del Almadén, primero, por favor.

Los  niños y niñas del Almadén, primero, por favor.

Desde tiempo inmemorial, los dos centros docentes que rodean –literalmente- a la vieja escuela de Magisterio, eran las “Anejas”. La una, construida con el mismo modelo de la “Normal”, en el Paseo de la Estación era la femenina. No puedo dejar de recordar con una sonrisa los diferentes nombres con que, en el imaginario popular era conocida. Para una muestra nada mejor que “La Nerja”, que he escuchado en ocasiones con cierto inocente regocijo. La otra, enfrente, junto a la piscina del Estadio, era la masculina. Esta, algo más moderna, creció en su momento vampirizando una calle intermedia que conectaba Virgen de la Cabeza con la Avenida “de los Maristas” en una de sus acepciones populares.

La femenina, en distintos avatares históricos fue añadiendo aulas en voladizos sobre el patio y ambas han tenido que prescindir de ciertos espacios (gimnasio, salón de actos, etc.) en aras de un mayor número de aulas con las que hacer frente a la matrícula creciente de alumnos y alumnas.

Los tentáculos para crecer de estos dos centros tienen dos direcciones que, a mi juicio, nunca debieron perderse. La femenina –hoy Colegio Público “Nuestra Señora de la Capilla” a través de las instalaciones de la, hasta hace unos días casi abandonada,  Escuela de Magisterio. La masculina, hoy Colegio Público “Almadén”, por la brecha abierta a su lado con la construcción del centro comercial de El Corte Inglés y la consiguiente desaparición del campo de fútbol y de la piscina anexa.

El primer centro ha estado usando los patios y gimnasio de la escuela de Magisterio hasta, al menos, el curso pasado. Sin embargo, la Universidad ha decidido remodelar el edificio y, en un alarde de ¿previsión? Veo cada día al pasar que están demoliendo una parte del mismo. En mi ignorancia acierto a preguntarme si no hubiera sido más razonable dividir el espacio para poder acoger algunas aulas del colegio en lugar de acometer el futuro con golpes de excavadora.  Posiblemente la Universidad, propietaria del edificio, tenga todas las leyes a su favor. Nadie lo niega. Pero… para que existan universitarios “de pro”, antes hay que mantener un sistema educativo fuerte desde los primeros escalones.

Muerta la posibilidad de crecimiento del “Ntra. Sra. de la Capilla”, el soplo de aire fresco podría haber venido de la acera de enfrente. Mientras las vetustas instalaciones de la piscina languidecían a su suerte, muchos pensamos que el “Almadén” extendería sus instalaciones en una franja que permitiera, además, ese parque que se nos vendió cuando dijimos adiós al estadio de la Victoria.

¿Quién no ha pensado en lo difícil que sería en caso de necesidad, abandonar el colegio con esa puerta tan estrecha que le da acceso? Es obvio que ese centro necesita oxígeno. Y ese aire nuevo no se consigue elevando pisos o dividiendo espacios interiores para “sardinizar”al alumnado.

Ninguna administración local, en plena posesión de sus facultades en pro de un Jaén educativamente habitable podría poner obstáculos a esta expansión. Al menos eso sería lo razonable.  Pero los caminos de la política –o de la economía- son inescrutables como los de la divina providencia.

No se sabe bien qué razonamientos parecen estar a punto de sacrificar a  un colegio para primar una actividad privada en ese mismo lugar. ¿Usos del suelo? ¿Intereses más o menos comerciales?

El bien de nuestros niños y niñas es el de todos nosotros al final. No lo desperdiciemos por una ceguera  momentánea o un empecinamiento que quizá sea difícil de explicar, de comprender y de compartir.

El colegio Almadén necesita ese espacio para ofertar su actividad en la mejor de las condiciones. Nuestros hijos e hijas  lo merecen y el futuro de todos, también. Autoridades locales, educativas, Padres y Madres, organismos varios… todos… deben unir sus esfuerzos para conseguir algo que el simple sentido común nos deja claro: si la disyuntiva es un uso público educativo o un ínfimo alquiler comercial privado, la solución está clara y no merecería ni siquiera discusión.  El “Almadén”  tiene que remozarse y crecer para el bien de todos, de la ciudad, del futuro. Que nadie mire para otro lado. El terreno existe. Solo falta la voluntad.

 

 

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