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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2013.

Jaén en el corazón. Homenaje a los jiennenses que abandonaron su tierra en busca de pan y trabajo.

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Corrían los primeros sesenta –siglo atrás- y, sin intuición geográfica alguna, mi madre creía ver tras el valle del Oria o la sombra del Jaizquibel, siempre, los olivos de “su Jaén”. La recuerdo por las tardes, con una labor cualquiera entre manos, observando su particular horizonte no adscrito a los puntos cardinales al uso sino a su espíritu giennense en la distancia mientras la radio propagaba a las ondas una de aquellas radionovelas de sobremesa. En el húmedo norte, en la lluviosa costa cantábrica, el candor de la tierra que la había visto nacer era un recuerdo palpitante cada día, cada instante.

Estaría por afirmar que nunca consiguió transmutar ese “chip” de jaenera castiza con el que recorrió todo el país con un bebé en los brazos –yo mismo- por el de aquella Euskadi, entonces provincia vascongada, que fue su casa pero nunca su hogar.

Jaén vivía en sus ojos y en sus manos y de ellas recogí aquel espíritu que me hizo respirar de otro modo cuando, años después, abrí la ventanilla y descubrí que las mojadas laderas de mi infancia se volvían terrones dorados en mitad de la sombra de mil y un olivos, algunos de los cuales, oh! sorpresa, incluso nos pertenecían.

Veo ahora en el recuerdo de mi madre a tantos y tantos compatriotas que salieron en busca de mundos mejores y que volvieron a soñar junto a los olivares. De ellos bebimos parte del futuro en el que ahora estamos instalados. Jaén “fue” en el corazón de todos ellos, ¿verdad, mamá? y cuando regresaron solo tuvieron que dejarlo volar, como la paloma del Arca, para que  se posara en el presente nuevo preñado ya de ilusiones de porvenir.

 

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03/09/2013 13:55 zaquizami Enlace permanente. Alzo la voz. No hay comentarios. Comentar.

Los niños y niñas del Almadén, primero, por favor.

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Desde tiempo inmemorial, los dos centros docentes que rodean –literalmente- a la vieja escuela de Magisterio, eran las “Anejas”. La una, construida con el mismo modelo de la “Normal”, en el Paseo de la Estación era la femenina. No puedo dejar de recordar con una sonrisa los diferentes nombres con que, en el imaginario popular era conocida. Para una muestra nada mejor que “La Nerja”, que he escuchado en ocasiones con cierto inocente regocijo. La otra, enfrente, junto a la piscina del Estadio, era la masculina. Esta, algo más moderna, creció en su momento vampirizando una calle intermedia que conectaba Virgen de la Cabeza con la Avenida “de los Maristas” en una de sus acepciones populares.

La femenina, en distintos avatares históricos fue añadiendo aulas en voladizos sobre el patio y ambas han tenido que prescindir de ciertos espacios (gimnasio, salón de actos, etc.) en aras de un mayor número de aulas con las que hacer frente a la matrícula creciente de alumnos y alumnas.

Los tentáculos para crecer de estos dos centros tienen dos direcciones que, a mi juicio, nunca debieron perderse. La femenina –hoy Colegio Público “Nuestra Señora de la Capilla” a través de las instalaciones de la, hasta hace unos días casi abandonada,  Escuela de Magisterio. La masculina, hoy Colegio Público “Almadén”, por la brecha abierta a su lado con la construcción del centro comercial de El Corte Inglés y la consiguiente desaparición del campo de fútbol y de la piscina anexa.

El primer centro ha estado usando los patios y gimnasio de la escuela de Magisterio hasta, al menos, el curso pasado. Sin embargo, la Universidad ha decidido remodelar el edificio y, en un alarde de ¿previsión? Veo cada día al pasar que están demoliendo una parte del mismo. En mi ignorancia acierto a preguntarme si no hubiera sido más razonable dividir el espacio para poder acoger algunas aulas del colegio en lugar de acometer el futuro con golpes de excavadora.  Posiblemente la Universidad, propietaria del edificio, tenga todas las leyes a su favor. Nadie lo niega. Pero… para que existan universitarios “de pro”, antes hay que mantener un sistema educativo fuerte desde los primeros escalones.

Muerta la posibilidad de crecimiento del “Ntra. Sra. de la Capilla”, el soplo de aire fresco podría haber venido de la acera de enfrente. Mientras las vetustas instalaciones de la piscina languidecían a su suerte, muchos pensamos que el “Almadén” extendería sus instalaciones en una franja que permitiera, además, ese parque que se nos vendió cuando dijimos adiós al estadio de la Victoria.

¿Quién no ha pensado en lo difícil que sería en caso de necesidad, abandonar el colegio con esa puerta tan estrecha que le da acceso? Es obvio que ese centro necesita oxígeno. Y ese aire nuevo no se consigue elevando pisos o dividiendo espacios interiores para “sardinizar”al alumnado.

Ninguna administración local, en plena posesión de sus facultades en pro de un Jaén educativamente habitable podría poner obstáculos a esta expansión. Al menos eso sería lo razonable.  Pero los caminos de la política –o de la economía- son inescrutables como los de la divina providencia.

No se sabe bien qué razonamientos parecen estar a punto de sacrificar a  un colegio para primar una actividad privada en ese mismo lugar. ¿Usos del suelo? ¿Intereses más o menos comerciales?

El bien de nuestros niños y niñas es el de todos nosotros al final. No lo desperdiciemos por una ceguera  momentánea o un empecinamiento que quizá sea difícil de explicar, de comprender y de compartir.

El colegio Almadén necesita ese espacio para ofertar su actividad en la mejor de las condiciones. Nuestros hijos e hijas  lo merecen y el futuro de todos, también. Autoridades locales, educativas, Padres y Madres, organismos varios… todos… deben unir sus esfuerzos para conseguir algo que el simple sentido común nos deja claro: si la disyuntiva es un uso público educativo o un ínfimo alquiler comercial privado, la solución está clara y no merecería ni siquiera discusión.  El “Almadén”  tiene que remozarse y crecer para el bien de todos, de la ciudad, del futuro. Que nadie mire para otro lado. El terreno existe. Solo falta la voluntad.

 

 

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12/09/2013 10:10 zaquizami Enlace permanente. Jaén y sus cosas No hay comentarios. Comentar.


Cuando unir es restar. (En torno a la unificación de los colegios RAMÓN CALATAYUD y PEÑAMEFECIT en Jaén)

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Leo, releo y vuelvo a releer los compromisos oficiales que mantienen a bombo y platillo la importancia de la educación pública y el compromiso de defenderla y, como antiguo docente, –aun resuena algo en mi corazoncito cansado cuando paso cerca de mi colegio y escucho a los chavales en la lejanía-, me alegra sobremanera que esas ideas circulen y se publiciten.

Sin embargo, oh, decepción, no se observan luego esos impulsos de los que se alardea. Veo en la prensa que hay intentos de unificación de dos colegios públicos de la zona del Gran Eje, el “Peñamefecit” y el “Ramón Calatayud”. Prácticamente cien años de labor educativa pública, entre los dos, que pueden evaporarse sin remedio.

El vil metal, dicen unos, es el causante de tal despropósito. Recortamos para mejorar, apuntan. No hay alumnado suficiente, comentan, olvidando que existe un centro privado/concertado  en la zona  y que ahí se puede reorganizar de otro modo el ajuste.

Mas, nueva decepción, se escucha en otros foros que las causas de este proceso pertenecen más bien al “lado oscuro de la fuerza”. Dicen que ciertos problemas de convivencia en el Ramón Calatayud que, por lo visto nadie ha solventado, son el detonante. Otros apuntan a luchas intestinas por el poder colegial como chispazo y para ello se lanzan en prensa acusaciones, dimes y diretes, por parte de alguno de los bandos enfrentados. Es vergonzoso que el futuro de dos centros docentes esté en juego por cualquiera de esas penosas circunstancias. 

Un colegio es el semillero donde florecerá nuestro porvenir y ha de mantenerse con altura de miras, no removiendo fangos y esparciendo lodos. Unir no siempre es sumar.

Aun pueden encenderse  luces de sensatez. Aun estamos a tiempo de ser justos con aquellos a quienes, en realidad, deberíamos prestar toda nuestra atención: nuestros hijos, alumnos y alumnas de esos centros. Arréglense las diferencias en los foros adecuados, plántense horizontes de paz y dejemos volar a nuestros chavales en su medio natural, en su cole. Cerrar un colegio siempre ha de ser la última opción. Unir puede ser, a veces, restar.

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28/09/2013 09:53 zaquizami Enlace permanente. Educación, enseñanza. No hay comentarios. Comentar.


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