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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2012.



Ayer soñé que soñaba...

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Avancé despacio por el pasillo. Un tenue resplandor avisaba del alba agazapada aun entre los minuteros. Tras la esmerilada puerta del comedor me pareció ver una sombra que nada tenía que ver con la habitual rama del árbol de la calle que dejaba su vaivén grabado sobre la pared cada mañana.

Era el reflejo de alguien que movía la cabeza sentado en uno de los sofás. Me acerqué sigiloso hasta le rendija que me permitía un ángulo de visión mayor. ¡Alguien había ocupado mi salón!

Observé una figura menuda, con pelo engreñado y barba cana. Por un instante me recordó a los viejos tertulianos del XIX pero su aliño indumentario no correspondía ni con la época ni con la consideración que tales escritores siempre me han merecido.

Una camisa de grandes cuadros multicolores estaba acompañada de un pañuelo palestino al cuello.

-¡Adelante, camarada!, oí que me decía sin siquiera saber cuando había descubierto mi presencia. Hemos ocupado esta habitación mediante la no violencia activa, así que no te preocupes. Solo se trata de un toque de atención contra la sociedad y el estado. (Sé que pronunció esta palabra con minúscula por la entonación con que la articuló). Creemos que no le has sacado todo el provecho a estas cuatro paredes y, por lo tanto…

Me di la vuelta y corrí pasillo adelante volviendo sobre mis pasos anteriores. No tenía gana de discutir con una alucinación. La cocina, con un ventanal al humilde patio de vecinos, aun no gozaba de la luz del amanecer. Abrí el frigorífico para servirme un vaso de agua fría que disipara la imagen del ocupante pero dentro solo quedaba medio limón. Cerré y abrí la puerta de nuevo. ¡Cómo era posible!

-Hemos ocupado tu cocina, oí a mi espalda.

Me giré. El contenido de mi frigorífico estaba sobre la mesa y aquella figura de la camisa a cuadros organizaba las viandas y bebidas en pequeñas bolsas.

-Son para repartir entre los que me siguen, advirtió.

En ese instante escuché el agua correr en el cuarto de baño. El ocupante estaba ahora en la bañera.

-Hay que cambiar la sociedad, me dijo. Ocupamos también tu ración de agua, tu lavabo y, claro está, estos albornoces…

-Pero, usted quien es, le pregunté.

-¿No me conoce? Soy Gordillo. Sánchez Gordillo.

-¿Y qué quiere de mi?, añadí.

-Quiero que abomines de esta sociedad de consumo, que te unas a la utopía de un mundo mejor donde todos seamos iguales, donde la propiedad sea compartida, donde puedas entrar a los supermercados y todo esté a tu alcance.

Diciendo estas palabras empezó a reír a carcajadas y a chapotear en el agua con fuerza. Varias gotas mojaron mi cara y me estremecí.

Me pasé la mano por la frente. No era agua. Estaba sudando. Me levanté y salí al pasillo. El salón estaba vacío.

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25/08/2012 17:15 zaquizami Enlace permanente. Alzo la voz. No hay comentarios. Comentar.

Las tijeritas del cole. (EDUCACION SIN RECORTES, YA)

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Todos hemos manejado, en los viejos tiempos, las famosas tijeritas de punta roma que, supuestamente, cortaban igual el papel de nuestros trabajos manuales pero no hacían pupa en nuestras inexpertas manos. Lástima que el gobierno no las esté usando en sus recortes. A lo mejor, con ellas,  encajábamos de otra  forma la ausencia de sustituciones, la merma de personal, la disminución de remuneraciones del profesorado, el aumento de chavales en unas aulas ya bastante repletas, el nuevo IVA de las libretas y los lápices, las nuevas condiciones de los comedores, el fin de planes educativos como el de las nuevas tecnologías, la desaparición o reordenación de las becas, los tres eurillos de la fiambrerita con el pollo empanado y tantas y tantas “novedades” y ajustes que no hacen otra cosa que degradar el sistema educativo y, por ende, el futuro de alguna que otra generación.

Pero, desgraciadamente, la tijera que nos persigue sí que tiene puntas afiladas. Se clava inmisericorde en nuestros deseos y aspiraciones. Padres, niños, maestros, esperamos con ansiedad saber qué nos deparará el nuevo curso. Nos duelen, nos escuecen,  cada una de las supuestas mejoras (recortes) del sistema. Será por aquel viejo aforismo que cualquier mamá sabe declamar ante la rodilla herida de su hijo: “Si te pica es que se está curando”.

Claro, ¡cómo no lo habíamos pensado antes!  Todo es por nuestro bien. Hay que abrocharse el cinturón más allá del último agujero, prescindir de todo lo superfluo: ¿Clases de apoyo? ¿Horas de preparación de actividades? ¿Niños con espacio suficiente en sus aulas? ¿Profesores debidamente remunerados? ¿Dinero para sufragar menús escolares o transportes? ¿Impuestos reducidos para el material escolar? ¿Futuro mejor? ¿Generaciones debidamente educadas y con espíritu crítico e investigador?

Nada, nada. Hay que flagelarse, como decía el romance “donde más pecado había”. Todo el mundo sabe que la crisis se ha producido por las arteras maniobras de unos chavales en sus aulas, de unos maestros hábilmente pertrechados tras los libros de texto, de unos padres luchando por sus hijos…  (Todo ello si hablamos de la educación, pero… ¿y los enfermos? ¿y los parados?)

Quizá deberíamos hacer un fondo común para comprar, entre todos, un imán gigantesco que fuera capaz de atraer las puntas de todas las tijeras y, ya con ellas bien sujetas, dirigirlas hacia otros horizontes donde, seguro, habría mucho más donde recortar fuera de escuelas u hospitales. Mientras tanto quizá sea necesario retirar incluso las tijeritas de punta redonda de nuestras mochilas. Primero por su nuevo precio con ese IVA traidor y después por la alergia que todo lo que suene a recorte debería producirnos. ¡Educación sin recortes, ya!

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28/08/2012 09:49 zaquizami Enlace permanente. Alzo la voz. No hay comentarios. Comentar.


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